El coche se detiene en una esquina cualquiera y el limpiaparabrisas dispara la pregunta de rigor estos días en Argentina: ‘¿A quién vas a votar?’; la respuesta es: ‘A cualquiera, menos a Milei’. Si bien el voto es secreto y obligatorio, ninguna de las dos premisas se cumple del todo. ‘Casi todos dicen eso’, responde el limpiaparabrisas en un rápido sondeo producto de las charlas que mantiene con conductores apresurados. Este sondeo carece del rigor de las encuestas, pero podría dar más pistas de las que últimamente vienen dando las consultoras cuyo margen de error respecto a las tendencias de voto de la población, no deja de aumentar. Aun así, y siendo la única herramienta con que se cuenta para medir este tipo de comportamientos, de cara a las elecciones del próximo 22 de octubre de Argentina, todo indica que habría una segunda vuelta el 19 de noviembre entre el ultraderechista Javier Milei, y el actual ministro de Economía y candidato oficialista, Sergio Massa.
Argentina enfrenta una de las elecciones más atípicas de su historia, en lo que definitivamente podría significar un cambio de época. El triunfo de Milei, en las elecciones PASO del 13 de agosto, en las que se eligieron los candidatos y las listas que podían competir en octubre, fueron un duro golpe que dejó desencajados a todos. Las PASO en los hechos funcionan como una simbólica primera vuelta, pero nadie esperaba lo que sucedió. Los resultados confirmaron un escenario de tres tercios entre los candidatos con más chances de ganar: Javier Milei de La Libertad Avanza (29,8), Patricia Bullrich de Juntos por el Cambio (28%) y Sergio Massa de Unión por la Patria (27,2), aunque nadie preveía que Milei ocupara el primer lugar. Los otros dos candidatos que superaron el umbral del 1,5% y participarán de las elecciones son Juan Schiaretti de Hacemos por Nuestro País (3,7%), y Miriam Bregman del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (2,6%). En la Provincia de Buenos Aires -el bastión kirchnerista que concentra el 37% del padrón electoral y lleva como candidato al actual gobernador Axel Kicillof-, ganó el oficialismo de Unión por la Patria con más del 35% de los votos.
Massa y Bullrich
Los resultados de las PASO casi enseguida dejaron ver que la candidata que más tenía que perder frente a un voto polarizado, era Patricia Bullrich. Bullrich le ganó la interna de Juntos por el Cambio, al actual alcalde de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, con un discurso basado en el orden y la seguridad, y con un perfil mucho más derechizado que el de su contrincante que la acercaba demasiado a Milei. Esto hizo que su propuesta se perdiera en la ancha avenida del medio, y que su campaña de cara a esta primera vuelta estuviera cargada de indefiniciones. Bullrich no se destaca en su oratoria, algo que se hizo muy evidente en los debates presidenciales, pero tampoco encuentra definiciones cuando la sacan de su zona de confort: la seguridad y la mano dura, y le piden que explique su propuesta en materia de economía. Un lugar donde tanto Milei como Massa, con sus respectivas propuestas, hacen pie. Pese a sus errores es probable que muchos de los votantes de Juntos por el Cambio -el partido del ex presidente Mauricio Macri-, está vez vuelvan a inclinarse por Bullrich, pero de no entrar al balotaje deberán decidir entre el candidato ultraderechista (Milei), cuya versión les resulta desproporcionada en su necesidad de hacer volar todo por los aires, o a Sergio Massa, con quien tampoco terminan de congeniar por su fuerte antiperonismo/antikirchnerismo en sangre.
De todas formas, Massa tampoco se caracteriza por su peronismo/kirhnerismo en sangre y, aunque fue el candidato de consenso del oficialismo, no es un kirchnerista puro. Massa arrastrará tras de sí el voto peronista, y el voto útil, es decir, el de aquellos que lo votan para frenar el avance de la ultraderecha. Lo de Massa sorprende, en el sentido de que aún en su doble rol de ministro de Economía, y candidato del oficialismo, de una gestión a todas luces fracasada, tenga altas chances de entrar a una segunda vuelta. La inflación más alta desde 1991 y un índice de pobreza del 40%, hablan de una grave crisis económica que no deja de profundizarse. “Massa es el precio que hay que pagar para evitar el ascenso de Milei”, opina el periodista y analista político Diego Genoud. “Pero no sé sí ese voto útil puede darle la victoria, porque Massa en algún punto compite contra sí mismo, es decir, el candidato compite contra el ministro. En una elección tan polarizada como esta, y en un contexto de inflación desbocada, y de tanta angustia e inestabilidad, parece difícil que sectores que quedan fuera de la vieja polarización, se inclinen por él”.
Milei
Pese a que tanto Massa como Bullrich tienen buena relación con el establishment y los círculos de poder, esta vez eso parece no alcanzar. Milei no es el candidato de los círculos de poder, pero estos tampoco han sido capaces de imponer un candidato, al menos no de la forma tradicional. En esta ocasión, una importante parte de la población ha decidido saltar la grieta que divide peronistas/kirchneristas desde hace años, por arriba, y se ha decantado por quien se presenta como un outsider de la política (aunque no lo es): Javier Milei. El hartazgo con la clase política y sus privilegios, lo que Milei llama la casta, se ha manifestado en las urnas. Para algunos analistas esto también denota un cansancio con progresismos que, si bien garantizan derechos, fundamentalmente en materia de género y DDHH, no terminan de dar respuesta a las urgencias en materia económica, ni han sabido adaptarse a los tiempos que corren. “Pareciera que la propuesta de cambio, de transformación y de rebelión, está en manos de la nueva derecha”, sostiene el sociólogo Daniel Feierstein. “O sea, quien está proponiendo cambiar las cosas es la derecha neofascista y, quien está proponiendo mantener las cosas como están, es el progresismo. Y ahí me parece que ha habido una alteración de identidades que explica mucho el momento actual porque, si las cosas están muy mal, proponer dejarlas como están no va a interpelar a mucha gente”.
Milei construyó una identidad política personalísima, basada en su figura y con casi nulo armado político detrás. Pero, aunque ha sabido imponerse como alguien nuevo, viene haciendo política desde hace años. Tal y como lo demuestra la investigación llevada adelante por el periodista Juan Luis González, para su libro “El loco”, una biografía no autorizada, lo de Milei exige navegar otras profundidades y tratar de entender, también, su compleja personalidad: sus vínculos, su soledad, su inestabilidad emocional y su creciente interés por lo místico. Milei insiste con que fue Dios quien le señaló que iba a ser presidente en 2023, y que conversa con Dios a través de sus perros muertos. Sus perros y su hermana Karina, representan el círculo íntimo de un hombre cuya infancia estuvo plagada de violencia, con un padre golpeador y bullying en la escuela, lo que explica algunos de sus rasgos. Para González “la historia política de Milei es imposible de escindir de esa soledad tan terrible, y de su camino místico”. El autor también sostiene que la moderación del discurso de Milei post PASO es una estrategia de campaña que no se podrá sostener en el tiempo, y que la fachada de outsider no es más que eso, una fachada, porque Milei viene haciendo política al menos desde 2005.
Agenda política
Sin embargo, que la irrupción de Milei vino a poner todo patas para arriba, no hay quien lo dude. Tampoco que desde las PASO hasta ahora ha logrado imponer su agenda. Si bien dejó de lado algunas propuestas más que polémicas como la venta de órganos, o de niños, y pese a jugar en contra de muchos de los manuales y teorías económicas más ortodoxos, insiste con llevar adelante una dolarización para acabar con la inflación, y en generar escenarios de desestabilización que le garanticen los dólares que necesita para ello. En los últimos días, el candidato se encargó no sólo de agitar el fantasma de la hiperinflación, sino que llamó a huir de los pesos porque no valen nada, provocando una fuerte corrida cambiaria que hizo saltar el valor del dólar. En una economía bimonetaria como la argentina esto tiene un enorme impacto en los salarios y en los precios. Las declaraciones del ultraderechista le valieron repudios a diestra y siniestra, y una denuncia del presidente Alberto Fernández por “intimidación pública”, pero es imposible determinar si esto tendrá algún costo en las urnas.
De hecho, son días donde las operaciones políticas proliferan por doquier. Desde una y otra fuerza se tiran con lo que tienen a mano: escuchas, cuentas escondidas, audios de whatsapp, fotos comprometedoras, etc; y esperar a ver el impacto. En este sentido, uno de los hechos que más prensa cosechó en los medios es el escándalo Insaurralde, que podría golpear al oficialismo en las urnas. Martin Insaurralde, Jefe de Gabinete de Ministros de la Provincia de Buenos Aires, debió renunciar luego de se dieran a conocer unas fotos en las que se lo ve bebiendo champagne con una modelo en un yate en Marbella. En medio de los fuertes cuestionamientos a la clase política y sus privilegios, lo del funcionario resultó más que inadmisible, y fue señalado al mismo nivel que la foto de Olivos, aquella en la que se lo vio al presidente Alberto Fernández celebrando un cumpleaños con otras personas en la residencia presidencial en pleno encierro por la pandemia, y que para muchos significó la ruptura definitiva de la sociedad con la clase política.
El avance de la ultraderecha también ha supuesto cuestionamientos a los consensos más básicos de la democracia, algo que parecía impensable hace unas pocas semanas en un país que se erige como referente mundial de los derechos humanos. La candidata a vicepresidenta de La Libertad Avanza, Victoria Villarruel es una conocida negacionista, y su discurso ha logrado hacer mella. Aunque Milei hasta ahora no se había pronunciado acerca del tema, en el primer debate presidencial negó la cifra de los 30 mil desaparecidos y señaló que lo que hubo en Argentina no fue terrorismo de Estado sino una guerra. “Aun cuando me parezcan terribles algunas cosas, como intentar romper el consenso democrático de la post-dictadura, no se los puede combatir solamente con una afirmación discursiva de esto no se puede tocar, sino que se tiene que poder explicar por qué es importante la democracia, qué cosas no ha resuelto o porque no ha podido cumplir muchas de sus promesas, y cómo hacer para que, efectivamente, pueda cumplirlas. Sí no aparecen estas interrogaciones, el único que tiene capacidad crítica e interpela es el neofascismo”, concluye Feierstein.
En un escenario de extrema polarización, todos se concentran en distintas estrategias que les permitan captar votos. Uno de los más importantes es el voto de las mujeres, que representan más de la mitad del padrón electoral y votan a Milei menos que los varones, y que será clave en las elecciones de octubre. Aunque también será clave el voto de los 10 millones de electores que no fueron a votar en las PASO.