La izquierda, a un paso del gobierno

El pasado 13 de marzo Colombia dio fin a una larga tradición de gobiernos conservadores y de centro, al menos en lo que refiere al dominio del Congreso. Por primera vez en la historia del país, la coalición de izquierda Pacto Histórico, cuyo máximo exponente es el candidato presidencial Gustavo Petro, obtuvo la mayor cantidad de votos y será la bancada mayoritaria en el Senado. Esto representa un sismo en las dinámicas de poder de un país que sólo ha visto alternancias de gobiernos de derecha y de centro, a lo largo de su historia; y genera enormes expectativas frente a los fracasos que han representado las políticas de gobierno en materia de acuerdos de paz que pongan fin a los asesinatos, las masacres, los desplazamientos, y la enorme violencia, el hambre y la conflictividad en los territorios. El próximo 29 de mayo, la fórmula de izquierda Gustavo Petro/Francia Marquez, que lidera todas las encuestas, medirá fuerzas con el resto de los partidos. Fundamentalmente, con el candidato de derecha, Federico Gutierrez (Equipo por Colombia), que hasta ahora se ubicaba segundo en las encuestas, y con Rodolfo Hernández, de la Liga Gobernantes Anticorrupción, que en las últimas encuestas comienza a disputarle el segundo lugar a Gutierrez. Según los distintos sondeos, a la fórmula Petro/Marquez no le alcanzaría para ganar en primera vuelta, aunque aún falta por ver qué harán el 29 de mayo los 4 millones de inscriptos (sobre un total de 35) que no concurrieron a las urnas el 13 de marzo.

Según diversos analistas, los acuerdos de paz que dieron comienzo en 2012, y que fueron sellados con el acuerdo final de paz de La Habana en 2016, supusieron un cambio de época para el conjunto de la sociedad colombiana. Incluso quienes se han mostrado reticentes a esos cambios han sufrido las consecuencias de sus caprichos, y de no querer abandonar las lógicas de guerra. “Colombia viene experimentando desde hace años un cambio político esencial, el acuerdo de 2016 significó un triunfo popular que impulsó la movilización social y se tradujo en triunfos electorales de los sectores más progresistas”, sostiene Iván Cepeda, senador electo del Pacto Histórico y defensor de la paz y los DDHH.

La derecha
El uribismo (que representa a las fuerzas que se congregan alrededor del ex-presidente Alvaro Uribe), se encuentra en su peor momento. La seguridad, el combate a las FARC y la soberanía del pueblo, fueron algunas de sus principales banderas a comienzos de siglo, cuando la violencia en el país tocó sus picos máximos, y le valieron una enorme cantidad de seguidores. Hoy que las FARC prácticamente no existen, y los resultados del gobierno del Centro Democrático -que nuclea tanto a Uribe como al actual presidente, Iván Duque-, en materia de seguridad y un sinnúmero de demandas sociales, no son ni de cerca los esperados, el uribismo se muestra sumido en una de las mayores crisis de su historia.
El 13 de marzo pasado, en el marco de las consultas interpartidistas para definir a los principales rivales de las presidenciales, Federico Gutiérrez (Fico), obtuvo 2,1 millones de votos, ganando la partida de la coalición conservadora Equipo por Colombia, y se transformó en el candidato de la derecha. El apoyo del uribismo a ‘Fico’ no le ha jugado a favor dado el descrédito del uribismo, que no solo ha tenido resultados desastrosos en lo económico, sino que ha obstaculizado la implementación de los Acuerdos de Paz. Aunque la sorpresa de estos últimos días ha sido la enorme escalada en las encuestas de Rodolfo Hernández, que ha cosechado los votos del centro que Sergio Fajardo no ha sabido capitalizar. Las encuestas también señalan que en una hipotética segunda vuelta entre Petro y Hernández, un 85% de los votantes de Gutierrez votarían a Hernández.
Lo otro que podría cambiar en Colombia, de darse un gobierno de signo progresista, es la histórica (y estrecha) relación que ha mantenido con EEUU. “EEUU ha ejercido una influencia decisiva en la vida del país, en una relación en la que ha brillado por su ausencia la soberanía de Colombia. Esto incluye una fuerte presencia militar, y un cercano vínculo de las élites políticas de ambos países. Un aspecto esencial de esta relación es la llamada guerra contra las drogas”, apunta Cepeda. “Un gobierno progresista tendría que construir una relación más respetuosa de nuestra independencia, y establecer relaciones de integración y cooperación en la región latinoamericana. Sin ir más lejos, con México por el asunto del narcotráfico, y con un nuevo gobierno en Brasil, sobre la Amazonia, que está siendo objeto de un ataque ecocida”.

La izquierda
Colombia es el único país sudamericano que no ha sido gobernado nunca por un partido de izquierda. Las encuestas indican que es probable que esto suceda por primera vez. El último sondeo de la encuestadora ‘YanHass’ va en línea de lo que señalan la mayor parte de las encuestadoras, y es que Gustavo Petro cuenta con un 40% de intención de voto a escala nacional, seguido por ‘Fico’ Gutierrez, que se haría con un 21% de los votos de primera vuelta. La encuesta también señala que los colombianos tienen entre sus principales preocupaciones la economía (el 28%), la corrupción (20%), la inseguridad ciudadana (14%) y el desempleo (14%). Por lo demás, el 85% de los encuestados sostiene que la seguridad en las ciudades, no sólo no ha mejorado, sino que ha empeorado. Duque termina su mandato con unos índices de desaprobación inéditos (80%) en cuestiones de desempleo, corrupción y seguridad ciudadana.
Para Cepeda, la lucha contra la pobreza es una parte esencial del programa de gobierno. “Millones de hogares se encuentran en una situación de miseria. Queremos una economía productiva, es decir, un capitalismo productivo. Esto implica superar las economías improductivas como el extractivismo minero energético, que conforma la columna vertebral de los ingresos del Estado en términos fiscales; lo mismo que la ganadería extensiva, que responde a una tenencia de la tierra meramente especulativa y no permite la producción de alimentos. Y luego está el narcotráfico, que es el resultado de los otros dos aspectos. Se trata de generar crecimiento económico con políticas tributarias que permitan resolver los problemas más graves del país. Otros dos asuntos fundamentales son la paz, y el contrarrestar los efectos del cambio climático mediante un cambio de matriz energética de la economía”.

El estallido
El triunfo de la izquierda se explica, en parte, por el fracaso de las políticas de derecha, pero también por el hartazgo de una sociedad que ha vivido décadas de confrontación y violencia entre el Estado y la guerrilla, que en los últimos tiempos se ha manifestado al calor de las movilizaciones callejeras. Sin ir más lejos, el 21 de noviembre de 2019 comenzó un paro nacional contra las medidas neoliberales del gobierno de Duque que encendió la mecha de la movilización social, un hecho inédito en un país sin tradición de protesta. Diferentes movimientos y organizaciones de estudiantes, feministas, comunidades afrodescendientes e indígenas y campesinos, tomaron las calles y protagonizaron un ciclo de manifestaciones que, luego del obligado paréntesis impuesto por la pandemia, volvieron a las calles en 2021 con aún más fuerza. El 28 de abril de ese año, dió comienzo el llamado Estallido Social, donde miles de personas protestaron en contra del proyecto de reforma tributaria impulsado por Duque, quien finalmente se vió obligado a retirarlo, aunque no logró calmar las aguas. Las movilizaciones no solo iban en contra del gobierno, sino que expresaban el descontento de décadas de gobiernos neoliberales que no han hecho más que empeorar todos los índices de políticas económicas y sociales. Este descontento se tradujo en un conjunto de demandas que aglutinó diferentes sectores sociales, pero, y fundamentalmente a la juventud, que estuvo muy presente durante los acuerdos y en las movilizaciones que precedieron al estallido. Estos jóvenes, al igual que sucedió en Chile con Boric, son el grupo de edad que más apoya al Pacto Histórico.
Otro de los hechos que marcaron la movilización social fue el campamento que más de 2.000 personas de 15 pueblos originarios mantuvieron (a la intemperie), durante 8 meses, en el Parque Nacional de Bogotá. Y que dió fin el pasado 13 de mayo luego de la firma de un acuerdo entre las comunidades y el gobierno distrital. María Violet es una líder social que pertenece al Pueblo Nasa y formó parte de la ocupación del parque “Lo que hicimos fue un ejercicio de resistencia, dado que en el territorio donde nos matan, nos violan o nos abandonan, no hay garantías de nada. Eso nos obliga a desplazarnos, pero cuando llegamos a la ciudad vivimos una revictimización, porque al indio no lo quieren ver en la ciudad. Exigimos que se respeten nuestros derechos constitucionales, que no se nos revictimice, y que se cumplan retornos con garantías. Entre más arraigo cultural e identitario se tiene, menos participación. Quiero decir, se escucha solo a los que hablan bien español, pero se discrimina al que sólo habla su lengua materna. Eso es lo que nos hizo estar en el parque, queríamos mostrar que nosotros somos la radiografía de lo que pasa en los territorios”.

Lxs candidatxs
Gustavo Petro (62), que va por su tercer intento de ganar la presidencia de Colombia, tiene un largo recorrido en la arena política colombiana. A los 17 años se sumó a la guerrilla urbana del M-19. Estudió Economía, fue concejal y estuvo preso por liderar una toma de tierras. Fue electo diputado en 1991, pero en 1994 su partido pidió protección al Estado para algunos militantes y fue nombrado agregado diplomático en Bélgica, donde hizo una especialización en Medioambiente, un tema central de su agenda política. En 2011 ganó la Alcaldía de Bogotá y, a partir de entonces, su figura no ha dejado de crecer.
Pero sin duda, la figura que cosecha todas las miradas de estas elecciones es la candidata a vicepresidenta Francia Marquez (40), reconocida lideresa social, afrodescendiente y feminista, que edificó su figura defendiendo el territorio y el medioambiente. Esta mujer, nacida en Suarez (Cauca), madre soltera y abogada, que en marzo pasado fue la tercera candidata más votada de las primarias de todas las coaliciones que se presentaron, podría ser la primera vicepresidenta negra. Aunque no estaba en sus planes, los 800 mil votos que obtuvo en marzo, obligaron a Petro a ponerla como número dos. En 1997, Marquez se incorporó a la organización Proceso de Comunidades Negras y, desde entonces, no dejó de luchar contra el racismo, el patriarcado y el extractivismo. La candidatura de Marquez ha arrastrado votos de sectores feministas, ambientalistas y jóvenes que, de no haberla incluído en la fórmula, no hubieran votado por Petro. Marquez tiene numerosos terrenos vedados en su gira de campaña, incluída la región que la vió nacer y de la que tuvo que huir, por amenazas de muerte.

Pacto Histórico
En este contexto, la alianza del Pacto Histórico, con Petro a la cabeza, ha sabido dar cuenta de las innumerables demandas, y ofrece la alternativa de cambio más acorde a ellas. En el Pacto Histórico confluyen distintos partidos y movimientos, desde la centroizquierda hasta los más radicalizados, que buscan consolidar la paz y la democracia, pero lejos están de plantear un programa revolucionario. Algunos de los retos a los que se enfrentará un hipotético futuro gobierno liderado por Petro son, la reforma del modelo de pensiones, reformas agrarias y tributarias, mejoras en el sistema de educación y salud pública, industria extractiva, etc. Aunque será prácticamente imposible que logre avances en estos terrenos si no logra establecer alianzas que incluyan sectores de centro, y centro derecha. “En Colombia se ha aplicado un modelo muy perverso, que en apariencia es un modelo democrático, pero que ha sido muy eficaz en ahogar en sangre cualquier posibilidad de un cambio político. En los últimos años se ha dado un cambio cultural que habilita un cambio político después de décadas de gobiernos conservadores, que ha coincidido con la movilización y con liderazgos que tienen la fuerza para asumir ese cambio”, concluye Cepeda.

Deja un comentario