La historia de los vencidos

Hace 50 años, en algunas calles de Montevideo y Buenos Aires, abundaban las librerías, y las personas que, con pocos recursos económicos y enormes ganas, recorrían los escasos metros que separaban unas de otras para poder leer por páginas un libro que marcó época: Las Venas Abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano. Historias como esta circulan a uno y otro lado del Río de La Plata.  Aunque tardo un poco en lograr masividad, cuando lo hizo se transformó en un clásico de la izquierda latinoamericana y fue un record de ventas traducido al menos a 20 idiomas, incluido el esperanto. Galeano tenía 31 años cuando lo terminó de escribir, y le llevo 3 meses de escritura. Intelectuales de todos los signos y colores coinciden en señalar el impacto de una obra inclasificable en su género, que cabalga entre la crónica periodística, el ensayo y la literatura testimonial. El propio Galeano lo definió como un manual de divulgación de economía política en el estilo de una novela de amor o de piratas.

El libro

Galeano comenzó a trabajar en este libro cuando tenía 27 años. Por ese entonces trabajaba como periodista, editando libros, y estaba empleado en el Departamento de Publicaciones de la Universidad de la República (Uruguay). Su inquietud por las desiguales relaciones de poder que afectaban al continente latinoamericano, lo motivo a investigar. Desde su primera edición, en 1971, hasta hoy, Las Venas… tuvo 60 reimpresiones en México bajo el sello Siglo XXI Editores y se vendieron unos 750 mil ejemplares. Con Las Venas… Galeano inició su vínculo con Siglo XXI Editores, cuando se encontraba al frente de la misma Arnoldo Orfila, su fundador. Galeano había presentado su libro al concurso Casa de las Américas (Cuba), y como perdió, se lo presentó a Orfila, quien aceptó su publicación. A los dos años de su publicación, y con la prohibición que hicieran del mismo algunas dictaduras latinoamericanas, se convirtió en uno de los libros más importantes del continente, al punto de ser uno de los más vendidos entre todos los escritores latinoamericanos.

“Conozco gente que no podía comprarlo, y que durante uno o dos meses fue al trabajo caminando y, lo que ahorró en transporte, se lo gastó en el libro. Ese tipo de cosas pasaban”, rememora Raúl Zibechi, escritor y activista uruguayo. Como sucede con todas las cosas de alto impacto, casi todos recuerdan la primera vez que lo leyeron y cómo llego a sus manos. “Yo lo leí ni bien salió porque era un momento de mucha ebullición política, y es un libro que fue como un golpe al mentón porque  descubrió otra América Latina (A.L.). Se convirtió en un libro de cabecera, no sólo por lo que contaba sino por cómo lo contaba, con un estilo muy ameno, periodístico, pero con gran profundidad, como el periodismo de antes.”

Pilar Medina, estudiante de Historia de la Universidad Nacional de La Plata (Arg), leyó por primera vez Las Venas… en 2012, cuando cursaba 4to año del secundario. “Tenía 14 o 15 años, y siento que tuvo algo de conclusión, sentí que alguien ponía en palabras, de forma concisa y potente, algo que yo había entendido sobre el imperialismo, la dependencia y  lo que significa ser latinoamericana. Un poco también estuvo rodeado de ‘hay que leer esto para aprobar’ (risas)”, concede. “Luego solo volví al texto por fragmentos, o a estudiarlo por lo que significa historiográficamente”.

Al mismo tiempo que su popularidad crecía se sucedieron sendos golpes de Estado en Chile, Uruguay y Argentina, que censuraron este material y catalogaron como ‘peligrosos’ a sus poseedores. Galeano debió exiliarse primero en Argentina (1973) y luego en Catalunya (1976), para regresar a Uruguay en 1985. “Los comentarios más favorables que este libro recibió no provienen de ningún crítico de prestigio, sino de las dictaduras militares que lo elogiaron prohibiéndolo”, declaró el escritor. Con la vuelta a la democracia el libro se convirtió en una referencia obligada de la izquierda latinoamericana. “Eduardo tenía la gran capacidad de vincular macro/micro. Además era un libro que atrapaba, apenas te ponías a leerlo no podías abandonar. Ese año salieron una cantidad de libros impresionantes como Pedagogía del Oprimido, de Paulo Freire, y las novelas de Cortázar y García Márquez, todos libros que tenían tiradas que hoy no podría ni soñar un best seller, 30 o 40 mil ejemplares de tirada anual.”

América Latina

“El libro mostraba una América Latina que no se ve habitualmente, la de los de abajo, los pobres, y vinculaba la situación de esas personas con lo estructural, el imperialismo, la opresión, la oligarquía, el reparto de la tierra”, sostiene Zibechi. La vigencia de esta obra se sostiene en base a la vigencia de sus planteos. “Después de 50 años yo creo que tiene más actualidad que nunca, es una denuncia que hoy se podría hacer en los barrios donde dominan los narcos en Rosario (Arg.), o en ciudad de México o en tantos rincones de A.L., porque -en contra de lo que sostienen algunos- la situación no sólo no mejoro sino que empeoro. Más allá de quién esté gobernando, sí se mira la realidad social de A.L. en aquellos años, a nivel material vivíamos con muy poco, sin duda, pero teníamos algo que hoy se evaporo, que es la esperanza. En aquellos años había luchas muy fuertes. El 71 fue el año del Viborazo y el 69 del Cordobazo (puebladas argentinas)”.  

Algunos de los tópicos que Galeano abordó en Las Venas… fueron la dependencia, el análisis de la región como una especificidad dentro de las relaciones del capitalismo mundial y las luchas sociales, fundamentalmente antiimperialistas.En el mismo sentido, Galeano hace una descripción de un pasado colonial que, de alguna manera, determina las dinámicas actuales de primarización, endeudamiento y desigualdad, y pone el foco  tanto en el papel del FMI como del Banco Mundial, dos actores que devinieron centrales en la historia del endeudamiento de A.L. “Hoy podríamos decir que, además de una dependencia del imperialismo yanqui, tenemos dependencia de capitales chinos y mineros, de las commodities, de la soja. Se ha complejizado, los pools de siembra no son inversiones del señor Rockefeller sino que son fondos de pensiones, muchos de ellos con inversores anónimos y cientos de miles de pequeños capitales, pero el fenómeno es el mismo, el capitalismo ha cambiado en los últimos 50 años pero en nuestros países el extractivismo es una recolonización de nuestro mundo y de nuestras sociedades”, opina Zibechi.

Medina coincide con Zibechi: “La dependencia hoy adquiere nuevas formas, quizá menos explicitas en el sentido de que no sólo tiene que ver con los recursos naturales sino que se puede aplicar al plano financiero. Estas nuevas formas, además, desdibujan. Pareciera que la expoliación de los recursos de un país, sí es por vía del cobro de una deuda, no tiene el mismo peso que si viene la Barrick Gold a explotar los cerros.  Todo esto tiene que ver también con el lugar que ocupan los países latinoamericanos en el sistema mundo. Por eso es importante seguir explicitando estas relaciones de explotación y dependencia propias del capitalismo.”

El autor, la obra, el tiempo

En cuanto al peso de la obra y su influencia en la militancia, fundamentalmente de los años ’70, Zibechi es rotundo: “Muchísima. Éramos una generación que leía mucho, tanto literatura como política. Leíamos a Marx y al Che Guevara, a Regis Debray, a Paulo Freire, y toda la literatura del boom latinoamericano: Cortázar, García Márquez, Rulfo, etc. Nos pasábamos el día leyendo.”  Zibechi habla de Eduardo (y no de Galeano), con la confianza de los que se conocen. Mantuvieron una relación que se forjó cuando Galeano visitaba la redacción de Brecha -el semanario que fue la continuidad de Marcha, un periódico del que Galeano había sido su jefe de redacción-. “Iba todos los viernes -en autobús porque nunca tuvo auto- a recoger el semanario. Llegaba, saludaba sonriendo y se iba luego de algún breve comentario. No buscaba que se notara su presencia”, recuerda Zibechi.  

En 1978, Galeano escribió que la finalidad de Las Venas… era “conversar con la gente” para “divulgar ciertos hechos que la historia oficial, historia contada por los vencedores, esconde o miente». Con el correr del tiempo Galeano fue consultado en numerosas ocasiones por el contenido de esta obra. Jaime Labastida, director de la editorial siglo XXI, le propuso actualizar el libro, y Galeano respondió que no tenía el suficiente tiempo para emprender esa tarea. También se declaró orgulloso de haberlo escrito, y que era la confirmación indudable de que escribir no era una pasión inútil sino un estímulo para seguir escribiendo. Pero también dijo que le pesaba y que era un estándar que se veía obligado a alcanzar y que eso podía resultar frustrante.

En 2009, durante la Quinta Cumbre de las Américas, el expresidente de Venezuela, Hugo Chávez, le regaló un ejemplar del libro al presidente de los EEUU, Barack Obama. En esa ocasión, la obra saltó de la posición 60.280 de la lista de los títulos más vendidos de la web Amazon.es a la décima posición en solo un día. En 2014, durante una visita a Brasil, donde participó de la Segunda Bienal del Libro de Brasilia, Galeano confeso que no lo leería nuevamente. “Para mí, esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Mi físico no aguantaría. Sería ingresado al hospital”.

 Aunque muchos aprovecharon la ocasión (y la confesión) para destruir este clásico de la izquierda latinoamericana, otros, que sabían de la enorme importancia que tenía este libro para Galeano, lo entendieron como una cosa muy humana propia de alguien que con el tiempo pulió un estilo diferente al que tenía a sus 31 años.  “El lenguaje hermético no siempre es el precio inevitable de la profundidad. Puede esconder simplemente, en algunos casos, una incapacidad de comunicación elevada a la categoría de virtud intelectual. Sospecho que el aburrimiento sirve así, a menudo, para bendecir el orden establecido: confirma que el conocimiento es un privilegio de las élites”, sostuvo Galeano en ‘Siete años después’, un texto que escribió en el exilio.

50 años después…

“Por el lado de las luchas revolucionarias se ha cambiado en muchos sentidos, pero no en cuanto al concepto de lucha y resistencia.   Hoy hay una parte de la lucha que se enfoca más en posicionar gobiernos progresistas, otros van más por el lado de la autonomía, hay diversidades en este terreno. Lo otro que ha cambiado es la brutal aparición de dos grandes movimientos en América Latina que son el feminismo y los pueblos originarios. Pero si rascas un poquito, los sentidos profundos se mantienen.”, concluye Zibechi.

Para celebrar los 50 años, Siglo XXI Editores lanzó una reedición especial con un formato más grande, margen para anotaciones y viñetas de Tute, un reconocido humorista gráfico argentino. El 13 de abril pasado se cumplieron seis años de la muerte del escritor uruguayo y para acompañar el lanzamiento la editorial compartió durante todo ese mes videos de referentes de la cultura leyendo fragmentos de la obra. El primero de ellos fue el cantautor catalán Joan Manuel Serrat.

«Escribí Las venas para difundir ideas ajenas y experiencias propias que quizás ayuden un poquito, en su realista medida, a despejar los interrogantes que nos persiguen desde siempre: ¿es América Latina una región del mundo condenada a la humillación y a la pobreza? ¿Condenada por quién? ¿Culpa de Dios, culpa de la naturaleza? ¿No será la desgracia un producto de la historia, hecha por los hombres y que por los hombres puede, por lo tanto, ser deshecha? (…) Creo que no hay vanidad en la alegría de comprobar, al cabo del tiempo, que Las venas no ha sido un libro mudo», escribió en un prólogo a la obra en 1978. También contó que la más estimulante respuesta que recibió provino de episodios reales ocurridos en la calle (los que más le atraían, por cierto), como el de “la muchacha que iba leyendo este libro para su compañera de asiento y terminó parándose y leyéndolo en voz alta para todos los pasajeros mientras el ómnibus atravesaba las calles de Bogotá”.

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