El próximo 6 de junio se define la 2da vuelta de las elecciones presidenciales en Perú entre la candidata conservadora Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y el maestro rural y dirigente sindical de izquierda, Pedro Castillo (Perú Libre). Aunque las encuestas señalan algunos puntos de diferencia entre ambos candidatos -a favor de Castillo-, todo indica que habrá que esperar a último momento para conocer los resultados. Fujimori, que cuenta con todos los medios hegemónicos jugando a su favor, de no ganar las elecciones, deberá volver a la cárcel y esperar que se definan las causas en su contra. Castillo, por su parte, sin aparato de prensa y casi ausente de las redes sociales y los medios de comunicación, hizo una campaña a la vieja usanza recorriendo todo el territorio, y dio la sorpresa para propios y extraños en la primera vuelta.
Keiko Fujimori
En un contexto de crisis política e institucional sin precedentes, con casi todos los ex presidentes de los últimos 30 años presos, con orden de captura o procesos judiciales, Perú se enfrenta al enorme desafío de elegir una gestión de gobierno que habilite algún tipo de estabilidad institucional. Seis presidentes cuentan en su haber con causas de corrupción, uno de ellos, Alan García, se suicidó el 19 de abril de 2019 cuando la policía de Lima se dirigía a su casa para arrestarlo. Alberto Fujimori, al padre de la actual candidata, renunció por fax a la presidencia luego de huir a Japón en el año 2000. Fujimori cumple actualmente una condena de 25 años de prisión por delitos de corrupción, y por la muerte y desaparición forzada de ciudadanos -considerados crímenes de lesa humanidad-, cometidos durante su Gobierno en 1991 y 1992. El pasado marzo un fiscal acusó a Fujimori y a tres de sus exministros de Salud de más de 1.300 casos de mujeres esterilizadas contra su voluntad, aunque se estima que las víctimas fueron cerca de 300.000. Sí bien durante la 1era vuelta Keiko Fujimori reivindicó las políticas llevadas adelante por su padre y sus supuestos logros, en la 2da vuelta abandonó ese discurso y se refirió a las esterilizaciones como una política de “planificación familiar”.
Esta representa la tercera campaña presidencial de Fujimori, quien dirige bancadas del Congreso desde hace años. “Desde 2018 Keiko está siendo investigada por aportes millonarios a sus campañas electorales de 2011 y 2016”, sostiene la periodista peruana Jacqueline Fowks. “Aportes que no declaro a la autoridad electoral y que aparentemente recibió de Odebrecht y del principal grupo financiero peruano, que ya acepto que le dio plata sin declararla”. La acusación en su contra no avanza porque la acusada se encuentra en campaña. Hasta antes de la campaña Keiko estaba presa por obstrucción a la justicia. Según Fowks “Keiko intentó negociar con un juez supremo para que terminara con la acción judicial en su contra, y este juez –que era fiscal de la nación en 2018-, finalmente huyo del Perú porque había muchas pruebas de corrupción contra él. Estas situaciones fueron las que llevaron a la fiscalía a señalar que Keiko impedía llevar adelante una correcta investigación y la mandaron a prisión”. Durante la pandemia su abogada logró sacarla de prisión -para que no se enfermara de Covid 19- con comparecencia restringida, lo que supone que no puede salir de Lima sin permiso del Juez, ni cambiar de domicilio, y otro tipo de restricciones. “En marzo de este año, la fiscalía, o lo que aquí se llama el equipo especial Lavajato, presento la acusación al juez, después de dos años de investigación, y los cargos. La fiscalía pide 30 años de cárcel para Keiko y menos años para 39 personas de su entorno, entre ellos su esposo y su abogada”.
Pedro Castillo
La sorpresa de la primera vuelta la dieron Pedro Castillo y su partido, Perú Libre; el pasado 11 de abril Castillo obtuvo un 19% de los votos y Fujimori un 13%. Cuando todos estaban concentrados en los que, a primera vista, parecían los candidatos con más chances de ganar: Keiko Fujimori y Veronika Mendoza -la candidata del Movimiento Nuevo Perú, y del progresismo latinoamericano-, Castillo, sin estruendos, picaba en punta en una campaña fundamentalmente basada en el territorio. “Supo aprovechar las redes de maestros, que son un gremio que está en todos lados. Eso le sirvió de soporte para una campaña de interlocución directa con la gente. Su respaldo más sólido viene de los pueblos, del interior, de la zona centro sur andina”, resume Alberto Gálvez Olaechea. Olaechea fue dirigente del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, pasó 27 años en prisión y se dedica, entre otras cosas, a escribir literatura. Para Olaechea, lo central en la estrategia electoral de Castillo, para la 1era vuelta, se basó en el territorio. “Castillo no tenía un plan de gobierno muy articulado, pero hizo una campaña de agitación en un país que tiene una triple crisis: una crisis económica que viene de lejos, otra provocada por la pandemia, y la crisis política.”
Tanto Fowks como Olaechea coinciden en que los sectores más conservadores se concentraron en atacar a Mendoza porque ella tenía mayor visibilidad comparada con Castillo en los medios. “Desde enero hasta ahora –con un parate porque se contagió de Covid-, ha recorrido gran parte del mapa peruano por tierra, al estilo de una vieja campaña electoral” señala Fowks. “Esos mitines, en las plazas, también se transmitían por Facebook y la gente, y en especial los maestros, los seguían. En este contexto, un maestro que ofrece dar prioridad a la educación y la salud, cambiar el modelo económico y trabajar por los pobres, es bien recibido entre quienes más se han visto afectados en sus necesidades básicas”. Su lema de campaña es ‘No más pobres en un país rico’. En 2020, la pobreza creció 10 puntos porcentuales en Perú y la economía cayó en 11% debido a la pandemia y el confinamiento. Ahora, casi 10 millones de personas no cubren sus necesidades básicas, es decir, el 30% de la población.
Campaña
Castillo es un maestro rural y dirigente sindical representante de una de las facciones en las que se escindió el sindicato de docentes públicos. En 2017 se hizo conocido en Perú porque encabezo una huelga magisterial que buscaba mejoras salariales y de condiciones de trabajo. Según Fowks, Castillo representa una izquierda radical y tiene un aparato de prensa prácticamente inexistente. “Este señor, que vive en una comunidad apartada de Cajamarca, llega a su chacra y se pone a trabajar con sus elementos de labranza. Monta a caballo, usa sombrero y repite que él no se tiene que disfrazar como los otros candidatos. Alberto Fujimori, como candidato y como presidente, tenía la costumbre -cada vez que llegaba a una localidad-, de ponerse el traje típico de ese lugar. Pero era un disfraz, él llegaba en un avión, se ponía la corona de plumas y la túnica, y regalaba zapatos, libros, uniformes escolares, etc. Hay centenares de fotos que lo acreditan, y mucha memoria sobre eso. Keiko ha hecho lo mismo en campaña y Castillo siempre dice que él no tiene que disfrazarse de campesino”.
Olaechea sostiene que la imagen de Castillo se impuso sobre la elocuencia y la claridad conceptual de Mendoza, que Mendoza actuó de pararrayos en la 1era vuelta, y que ser un ‘outsider’ de la clase política, en un momento de enorme desprestigio para la misma, también sumo a su favor. En materia de género, Castillo alimenta un discurso profundamente conservador que cuaja muy bien con ciertos sectores populares. “La postura de Perú Libre es la postura de la izquierda tradicional de los ’70 u ’80”, afirma Olaechea, “donde los temas de género no estaban presentes y había un cierto conservadurismo. Castillo, incluso, está más a la derecha que eso, está muy ligado a las miradas de los grupos evangélicos y cristianos. En los barrios más humildes no hay partidos políticos ni organizaciones sociales, pero sí hay iglesias que predican en contra de las políticas de género”.
Castillo recién dio a conocer sus cuadros técnicos dos semanas antes de la 2da vuelta. Entre ellos se cuentan un ex fiscal que actuó en la causa que llevo preso a Alberto Fujimori, y un ex congresista que investigó la corrupción de Obedrecht en Perú. La socióloga Anahí Durand, que fue la encargada del plan de gobierno de Verónika Mendoza –y que respalda a Castillo en esta segunda vuelta-, también es parte del nuevo equipo. Sin embargo, el mayor peso está puesto en la gestión de la pandemia, un espacio que coordina el médico y ex congresista de izquierda Hernando Cevallos y que cuenta con 30 profesionales de la salud. Por su parte, Fujimori sumó a su equipo figuras de mano dura y políticos que postularon al Congreso por partidos de derecha.
En lo que respecta a su plan de gobierno, en 1era vuelta Castillo se manifestó partidario de ciertos ajustes en el Estado y de un cambio de Constitución que permita, entre otras cosas, el acceso a salud y educación. Una de las principales propuestas del candidato es incrementar a 10% el porcentaje del PIB destinado a la educación, que actualmente no supera el 4%. La actual Constitución (1993) fue aprobada por una mayoría fujimorista e instauro un modelo económico neoliberal. Otro de sus planteos centrales tiene que ver con eliminar los monopolios y renegociar con las industrias extractivas cuyas ganancias van a dar al extranjero y no redundan en beneficios para el país, según ha señalado. Aun así Castillo ha moderado su discurso de cara a esta 2da vuelta, firmo un compromiso en el que garantiza el respeto a los tratados internacionales y los derechos de las minorías, y precisa que promoverá una asamblea constituyente pero siguiendo el marco jurídico vigente. Ante las reiteradas críticas que lo acusan de querer imponer un régimen como el venezolano, y en un país con 1 millón de migrantes venezolanos que han huido del gobierno de Maduro, Castillo también se ha comprometido, en caso de ganar las elecciones, a abandonar el cargo el 28 de julio de 2026, cuando termine su mandato.
La amenaza del comunismo
Una de las cuestiones que más preocupan en esta campaña es el elevado tono que han tomado ciertas posiciones, sobre todo del ala derecha, cuyo poder de amplificación en los medios es a todas luces desproporcionado. La derecha, abroquelada detrás de Keiko Fujimori, cuenta a su favor con los grandes medios de comunicación y, desde allí, ha instalado un discurso de miedo y amenaza cuya cara más visible está representada, hoy por hoy, por Pedro Castillo y sus fuerzas. Castillo viene a ser el representante más acabado del comunismo/chavismo/terrorismo, según sea el caso, que amenaza una supuesta paz y estabilidad. “Lo peor es que este espíritu de cruzada que se está instalando no va a desaparecer con el fin de las elecciones, sea quien sea el que gane. Hay un discurso muy fuerte en las clases altas, de mucho desprecio por el cholo y el indio, y en Perú el racismo está muy arraigado”, dice Olaechea.
Mientras tanto, y a la espera de la votación, las calles de Lima y de diversas ciudades de Perú y del mundo, vieron replicar movilizaciones en rechazo a la restauración del régimen fujimorista. Entre los manifestantes había desde familiares de víctimas del fujimorismo hasta algunas de las miles de mujeres que fueron víctimas de las esterilizaciones forzadas. Del otro lado, Fujimori cosecha apoyos que van desde los doce jugadores de la selección peruana –que grabaron un video donde piden el “voto contra el comunismo”-, hasta el del premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, que le dio su respaldo a Fujimori al tiempo que la instó a “salvar al país de un peligro enorme que es caer en manos del totalitarismo”. Vargas Llosa es presidente de la Fundación Internacional para la Libertad, una usina de la derecha hispanoamericana de la que también forman parte ex presidentes como José M. Aznar (España), Mauricio Macri (Argentina), y el actual presidente de Ecuador, Guillermo Lasso.
“En esta ocasión lo peculiar es la crisis de la derecha en todas sus variantes. Este ha sido el rasgo característico de la primera vuelta”, concluye Olaechea. “La candidatura de Castillo abrió una brecha y redefinió muchas cosas, pero lo más peculiar es el espíritu de cruzada que ha instalado la derecha para tratar de revertir esta situación. Han sobre ideologizado la campaña con un discurso anticomunista, antiterrorista, antichavista. Esto provoca, fundamentalmente en la clase media, verdadero pánico. Los militares en retiro, voceros informales de las FFAA han salido a denunciar de manera velada que se verían obligados a intervenir. Es una actitud bastante desaforada de una derecha que siente que se le mueve el piso”.