La Organización de Estados Americanos (OEA), y su Secretario General, Luis Almagro, han estado en boca de todos estas últimas semanas debido a su (polémica) intervención en el desenlace del Golpe de Estado en Bolivia y a sus no menos cuestionadas intervenciones en diferentes conflictos en América Latina. De ello hablamos con Pedro Brieger, periodista y sociólogo argentino especializado en política internacional.
¿Qué papel ha jugado históricamente la OEA en América Latina (AL)?
La OEA fue creada en 1948 por iniciativa de EEUU en el marco de la Guerra Fría, y en sintonía con la Doctrina Monroe que decía “América para los americanos”, para tener controlados a los países de la región en lo que consideraban la amenaza soviética y para estar subordinados a la política exterior de los EEUU en la región.
¿Qué intereses representa?
A lo largo de los años fue cambiando el lugar de la OEA, lo mismo que la subordinación a la política de los EEUU de muchos países que no necesariamente estuvieron en sintonía con la OEA. La OEA logró, entre otras cosas, la suspensión de Cuba con el apoyo de la inmensa mayoría de los países salvo México. Por lo tanto, se puede decir que la OEA fue y es, en gran medida, un instrumento de política exterior de los EEUU.
¿Cuál ha sido la injerencia de la OEA en los últimos tiempos en AL?
El cambio más importante se dio con el crecimiento de organismos regionales alternativos a comienzos del siglo XXI con el crecimiento de la corriente progresista en la región que creo la UNASUR e incluso un Consejo de Defensa Suramericano, obviamente, sin EEUU. También se creó la CELAC por impulso de los gobiernos progresistas, sin EEUU y Canadá. En su momento, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, decía que aspiraba a que la CELAC reemplazara a la OEA y que los países de AL y el Caribe tuvieran mecanismos de integración y debate regional sin la presencia de EEUU.
Sin embargo, esto no se logró, lo vemos con la fuerte intervención de la OEA en Bolivia, pero también es cierto que durante algunos años la OEA quedo desplazada a un lugar secundario. Este giro se da con el debilitamiento de la corriente progresista en la región y con el giro que da Luis Almagro al frente de la OEA. Almagro, que había sido canciller del Frente Amplio en Uruguay, se convierte en un peón directamente de la política exterior de los EEUU obsesionado con Cuba y Venezuela. De hecho Luis Almagro es una persona que tuitea muchísimo y el 80% de sus tuits están vinculados a cuestiones internas de Venezuela y Cuba, países a los que califica de dictadura y donde claramente dice que su rol es contribuir al derrocamiento de esos gobiernos.
¿Cómo queda parada la OEA después de lo de Bolivia?
Hoy hay una mayoría de países de América Latina que está apoyando a Luis Almagro y que también apoya dos diferentes informes que dio la OEA sobre Bolivia. El país que más ha cuestionado los informes y la intervención de Almagro ha sido México que además tiene un peso específico en la región por economía y por historia. México además estaba apostando a un nuevo eje progresista que incluyera a Uruguay y al nuevo gobierno argentino pero ahora en Uruguay hay un gobierno de derecha. La disputa entre los gobiernos progresistas y la corriente conservadora en la región se manifiesta día a día y es muy cambiante, y esto influye en la OEA.
¿Te parece que esto que sucede podría haber sido resuelto de otra manera sí hubiese participado un organismo multilateral con otras características?
La UNASUR intervenía de manera muy diferente a la OEA, especialmente por la hegemonía de los gobiernos progresistas. Tal vez se lo pueda contraponer al momento más crítico que tuvo la UNASUR con Colombia, por ejemplo, en el gobierno de Uribe, después de la intervención militar en Ecuador. Como dice el ex presidente Samper, de Colombia, lo que se necesita en la región es menos ideología en los vínculos y más política. Es decir, comprender que hay diferencias ideológicas entre los diferentes gobiernos pero la necesidad de trabajar juntos. Lo que pasa que los gobiernos de derecha de la región tienen una mirada puesta principalmente en su vínculo con los EEUU y una política de subordinación a los EEUU.
¿Cómo ves la situación de Nicaragua en relación a la OEA?
En el caso de Nicaragua, y con Almagro al frente de la OEA, tiene una postura muy similar a la de Cuba y Venezuela. Lo que pretende Almagro al frente de la OEA es que caiga Ortega, y para eso trabaja.
¿Y de Ecuador (cuyo gobierno acaba de dar su apoyo a una posible reelección de Almagro)?
Hay una disputa respecto a la secretaría general. Hasta el 15 de diciembre se pueden presentar las candidaturas y Luis Almagro va claramente por la reelección, con la paradoja de que su candidatura no es apoyada por el gobierno actual de Uruguay. Y una candidatura alternativa, de la ecuatoriana María Fernanda Espinoza, que fue un año secretaría de la Asamblea General de Naciones Unidas, cuya candidatura no es apoyada por Ecuador. Esto es algo muy raro y probablemente cambie ahora porque la votación es en marzo y probablemente el nuevo gobierno de derecha de Uruguay sí va a apoyar a Luis Almagro. También apareció otra candidatura alternativa de Perú que hay que ver sí se sostiene, lo que puede dividir los votos de apoyo a Almagro. Es una disputa importante la que estamos viendo respecto del lugar del secretario general porque está claro que su rol es clave en la región.
Leí un comunicado de la OEA del 16 de octubre en el que habla explícitamente de políticas de desestabilización en el continente promovidas por políticas bolivarianas impulsadas por las dictaduras de Cuba y Venezuela, ¿qué me puedes decir sobre esto?
Almagro tiene hoy una política en sintonía con EEUU y una postura de retorno a la Doctrina Monroe, y de ver conspiraciones en las protestas señalando a Cuba y Venezuela detrás de las mismas, al mejor estilo de la Guerra Fría. Tiene una visión muy pobre de las protestas sociales en Chile, en Ecuador y en toda la región. Esas protestas no necesitan ni de la intervención de Cuba, ni de Venezuela. Eso es de una mentalidad muy simplista, clásica de la Guerra Fría.
¿Qué cambió, sí es que cambió algo, durante la gestión de Luis Almagro?
Lo que cambió, claramente, es que Luis Almagro se convirtió en un aliado de los EEUU y EEUU encontró en Almagro a alguien que puede representar sus intereses sin la necesidad de aparecer abiertamente impulsando políticas. Luis Almagro además se llena de premios en EEUU de todo tipo de organismos abiertamente vinculados con el Departamento de Estado y con una política de apoyo a la política exterior de los EEUU, especialmente muchas organizaciones judías que le han dado premios reforzando el vínculo EEUU/Israel que Almagro ha tratado de reforzar en la región. Hoy Luis Almagro parece un representante del Departamento de Estado de los EEUU.